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07.07.2026

John Langdon Down, Normansfield y los espasmos infantiles (Spanish)

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Author: Joaquin A Pena MD

La trayectoria profesional de John Langdon Down se cruzó con una de las observaciones fundamentales de la neurología infantil: el niño que más tarde sería reconocido como el caso índice del síndrome de West fue descrito por primera vez por William James West en The Lancet en 1841 y posteriormente evaluado en Normansfield bajo el cuidado de Down. Esta conexión es importante porque sitúa a Down no solo en la historia de la medicina de la discapacidad intelectual, sino también en los antecedentes clínicos de la epileptología pediátrica.

Visión reformista y de inicio de carrera

John Langdon Down nació en Torpoint, Cornwall, en 1828. Comenzó su aprendizaje en la farmacia de su padre y, posteriormente, se formó científicamente antes de ingresar en la Facultad de Medicina del hospital de Londres, donde se graduó con honores. Poco después de obtener su título, obtuvo la acreditación como miembro del Real Colegio de Médicos (MRCP, por sus siglas en inglés) y el doctorado en medicina, y se incorporó al personal del hospital de Londres, donde se ganó una reputación por su destreza clínica y su trato humano.

Su primer cargo institucional importante fue en Earlswood en 1858, donde se desempeñó como superintendente médico del Earlswood Asylum durante una década antes de fundar Normansfield en Teddington. En ambos centros, hizo hincapié en la dignidad, la educación y la formación estructurada para el desarrollo de niños con discapacidad intelectual, mediante el ejercicio, la estimulación sensorial y el juego de roles sociales. Estos enfoques anticiparon la atención multidisciplinaria al neurodesarrollo.

Normansfield se labró una reputación internacional como centro de formación y educación. Down también fue pionero en el uso clínico de la fotografía médica, utilizando mediciones y fotografías para respaldar la clasificación fenotípica, incluida su descripción de 1866 de la afección que hoy se conoce como síndrome de Down.

El niño de West en Normansfield

La carta que William James West publicó en The Lancet en 1841 es la primera descripción clásica de los espasmos infantiles, escrita como una súplica de ayuda para su propio hijo. West describió el inicio de las convulsiones alrededor de los 4 meses de edad, con ataques repetidos de espasmos en salva, a veces de 10 a 20 o más por episodio, y varios episodios al día.

La carta también documentaba un deterioro del desarrollo, incluyendo la pérdida de la función motora y la ausencia de la «vivacidad intelectual» propia de la edad, lo que permite a los lectores modernos reconocerlo como el síndrome que posteriormente recibió el nombre de síndrome de West. El comentario de Duncan subraya la precisión clínica de la observación de West en la cabecera del paciente, a pesar de la ausencia de electroencefalograma, de neuroimagen o de terapias anticonvulsivas eficaces.

Para un público especializado en neurología, el vínculo histórico más llamativo radica en que Langdon Down evaluó y realizó la autopsia del hijo de West, lo que permitió a los historiadores posteriores sostener que el caso índice probablemente era criptogénico en lugar de sintomático de una lesión estructural grave. Esta única conexión une tres corrientes de la medicina del siglo XIX: la reforma de los asilos, la medicina del desarrollo y los primeros estudios clínico-patológicos sobre la epilepsia infantil.

¿Por qué el síndrome de West sigue siendo importante?

El síndrome de West sigue siendo una encefalopatía epiléptica grave de la infancia, que generalmente comienza entre los 3 y los 7 meses, con un pico de incidencia alrededor de los 6 meses. Las estimaciones de incidencia se sitúan de forma consistente entre 2 y 3,5 por cada 10.000 nacidos vivos y afectan con mayor frecuencia a los niños que a las niñas.

Los espasmos epilépticos, el retraso o la regresión del desarrollo y la hipsarritmia en el EEG son las características clásicas del síndrome. Los marcos etiológicos actuales clasifican los casos en sintomáticos, idiopáticos o criptogénicos, y el pronóstico depende en gran medida de la causa subyacente.

Para los médicos, una lección fundamental del relato original de West es que el diagnóstico puede retrasarse porque los espasmos son sutiles, se presentan en grupos y a menudo se confunden con comportamientos infantiles benignos como el reflujo o los cólicos. El reconocimiento precoz sigue siendo importante porque el tratamiento oportuno parece mejorar los resultados, aunque el pronóstico sigue siendo desfavorable en muchos grupos etiológicos.

El lugar de Down en la neurología pediátrica

Down no era un neuropediatra en el sentido moderno, ya que esta especialidad no surgió como campo clínico independiente hasta finales del siglo XIX y principios del XX. Sin embargo, su trabajo se inscribe plenamente en la prehistoria de la disciplina: fenotipado del desarrollo minucioso, observación longitudinal, correlación clínico-patológica y atención institucional organizada para niños con trastornos neurológicos.

Los estudios históricos más amplios sobre la neuropediatría muestran cómo las prácticas del siglo XIX evolucionaron hasta convertirse en una especialidad formal, influenciada por la pediatría, la neurología, la psiquiatría, el electroencefalograma (EEG), las técnicas de imagen, la genética y los programas de formación estructurados. Desarrollos similares se produjeron en toda Europa, donde los primeros textos de neurología pediátrica y los servicios hospitalarios surgieron mucho antes de que existiera la certificación de subespecialidad.

Conviene hacer una advertencia. El legado de Down es clínicamente importante, pero la terminología de su época reflejaba esquemas de clasificación étnica que hoy se rechazan. Posteriormente, la genética sustituyó ese marco: la trisomía 21 se identificó en 1958 y el término síndrome de Down reemplazó la denominación anterior tras su adopción por los profesionales y la OMS.

La importancia histórica de Langdon Down, por lo tanto, trasciende su epónimo. Contribuyó a transformar la atención institucional para niños con discapacidades del desarrollo, realizó importantes observaciones clínico-patológicas neurológicas tempranas y se encuentra en una inesperada intersección con el primer caso publicado de espasmos infantiles, reportado por el hijo de West en Normansfield. Para la comunidad neurológica, esta intersección constituye la principal lección: la neurología pediátrica moderna se construyó no solo sobre laboratorios y tecnologías, sino también sobre descripciones meticulosas a la cabecera del paciente, el seguimiento del desarrollo y los cuidados humanizados a largo plazo.

Bibliografía

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Dunn PM. Dr Langdon Down (1828-1896) and 'mongolism'. Arch Dis Child 1991;66(7 Spec No):827-8. PMID 1830736

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